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Un crimen en el barrio abrió los ojos de Peter Lovenheim al hecho de que no conocía a sus vecinos. Se acordó de como, en su juventud, llegaba a conocer a las familias de los amigos, pasando las noches en sus casas.  Así empezó su “experimento social” para conocer a los vecinos pensando no solamente en su propia experiencia sino en un dato de EEUU que le llamó la atención: los americanos de hoy tienen solamente la mitad de contactos significativos con vecinos de los que tenían hace 50 años.  Seguramente esto no es tan distinto donde vivimos.

El experimento consistió en pasar una noche en casa de cada uno de los vecinos. En el empeño de conocer a la gente en su calle, Lovenheim descubrió al cirujano jubilado que en su viudedad se sentía solo, a la madre divorciada que había pasado por un cáncer de la mama sin ninguna ayuda y la anciana que pasó 40 años de su vida en el barrio sin que ningún vecino se enterase de que fue formada en música por la prestigiosa Escuela Julliard

Ahora Lovenheim reivindica la importancia de barrios, de las comunidades físicas en la vida social. Dice que tener esos contactos nos enriquece la vida y nos permite compensar en alguna medida la fragmentación social por etnicidad, ingresos, creencias y afinidades políticas que se vive hoy en día en las ciudades.  No tenemos que pasar noches con nuestros vecinos, pero si queremos recuperar el espíritu de comunidad. Hay otros pasos que podemos hacer, como eliminar barreras entre nuestras casas y compartir datos de contacto, espacios y hasta huertas.  Ha dicho en una entrevista que lo importante es llamar a la puerta de un vecino y solo con ese gesto las cosas cambian.

Artículo original (en inglés): https://colliersmagazine.com/article/why-neighborhoods-still-matter

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