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En el documental Les glaneurs y la glaneuse (Los espigadores y la espigadora, 2000), Agnès Varda exploraba las prácticas diversas de espigar, o recoger los restos de la cosecha. Antiguamente había marcos legales y morales para esta práctica, desde admoniciones bíblicas para dejar parte de una cosecha sin recoger, hasta el reconocimiento del derecho a espigar en la Inglaterra del siglo XVIII. También han existido prohibiciones al espigar como la Ley de Spikilets en la Unión Soviética o limitaciones relacionadas con la propiedad privada.

Hoy en día, con la creciente consciencia de la cantidad de comida que desperdiciamos y la incidencia del hambre en el mundo, espigar se ha vuelto una herramienta para disminuir, o por lo menos reducir, el desperdicio de alimentos. Una ley de EEUU de 1996 anima a los restaurantes a donar la comida que no se consume y hay muchas organizaciones e individuos involucrados en recoger alimentos que no se venden para distribuir a los que viven al límite. Aquí en España Excedentes/Excess emplean estrategias artísticas para facilitar y dignificar el acto de recoger comida desechada.

Un proyecto que empezó este verano en California usa excedentes de alimentos ecológicos de los agricultores para elaborar productos envasados, de esa manera eliminan los excedentes o los alimentos que no cumplen unos estándares de calidad (absurdos la mayoría de las veces y pensados más para facilitar el envasado y acariciar la vista del consumidor), convirtiéndolos en productos que se pueden vender sin que se estropeen. El proyecto ha sido ideado por Larry Bain del Área de la Bahía de San Francisco en cooperación con un supermercado y dos empresas conserveras. Compran los alimentos a precios más bajos que lo normal, pero a precios que ofrecen bastante para merecer la pena al agricultor recoger los restos.

Los primeros productos, vendidos bajo la marca “El Proyecto Espigador” (The Gleaning Project), usaron ajo verde para producir un pesto y pepinillos. Tienen planeado usar albaricoques para conservas y tomates para salsas. El reto del proyecto está en responder rápidamente, porque después de la cosecha queda poco tiempo para utilizar lo que no se vende. Esperamos más noticias para saber si funciona bien.

El artículo original se encuentra aquí (en inglés): http://grist.org/sustainable-food/saving-surplus-gleaned-foods-make-it-to-the-grocery-shelf/

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