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Parece a veces que el encanto de la tecnología y la fe en ella nos hace ciegos a las cosas importantes. Hace poco salió en la prensa inglesa una noticia sobre un experimento con los Tablets como herramienta de educación para los niños en un pueblo aislado, sin escuela propia ni escuela cercana. La idea ha venido de la persona del programa “One Laptop Per Child”  (OLPC), un programa para desarrollar un portátil (tamaño netbook) con un precio asequible de 100 dólares para usar en comunidades pobres. Al final los ordenadores OLPC han salido a un coste de cerca de 200 dólares y los resultados han sido mixtos. Parece que pueden ayudar a los niños, pero las habilidades de los niños en algunos casos ponía en evidencia a los profesores que complicaban el uso de ellos en las aulas – y en muchos casos imponía restricciones al acceso a los ordenadores.

El proyecto de los Tablets se lleva a cabo en Wenchi, Etiopía, un pueblo pequeñito en la orilla del lago del mismo nombre. En éste caso el éxito del proyecto depende del impulso y la capacidad de los niños para explorar el mundo y aprender por sí mismos, sin la ayuda de ningún profesor. Es pronto para saber hasta donde llegarán los niños, pero como se puede imaginar cualquier adulto derrotado en todos sus intentos de usar un nuevo cacharro electrónico, los niños de Wenchi no son distintos a otros niños al aprender a utilizar los Tablets en muy poco tiempo. Lo bueno es que los niños están explorando los programas educativos sin tener nadie detrás y están aprendiendo.

Parecen alentadores los primeros datos del proyecto, pero algunos han llegado a imaginarse un reparto de los Tablets por aviones tirando paquetes con paracaídas – como si fueran paquetes de alimentos cayendo como maná del cielo en medio de una hambruna (¡como en el enlace abajo!). Quizás la fascinación por la tecnología y su baratura ha ocultado la clave del éxito del experimento: la curiosidad natural de los niños. La tecnología es solamente una herramienta más.

Hace ya un siglo desde que María Montessori nos enseñó que los niños aprenden por sí mismos dentro de un sistema estructurado pero no predeterminado, que la curiosidad humana enseña mejor que cualquier profesor. Hoy en día su método se ha expandido por todas partes. El problema es que en vez de formar parte de la enseñanza de los niños en desventaja, como con los que ella trabajó, el método normalmente aparece en las escuelas privadas que sirven a las familias adineradas. Quizás el experimento en Wenchi debería reafirmar lo que aprendió Montessori sobre la enseñanza, reclamando su espíritu e incorporando su conocimiento en una forma de educación sumamente natural y humana para todos.

Se puede leer un reportaje sobre los Tablets y los niños de Wenchi (en inglés) aquí:  http://www.spiegel.de/international/world/ethiopian-children-handed-free-tablet-computers-to-teach-themselves-a-874936.html

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