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¿Puede que un objeto de cerámica sea mejor si se ha roto? En algunos casos parece que sí, porque a menudo los japoneses valoran más un objeto reparado con la técnica de kintsugi que el original sin defectos. Lo aprendió el ceramista Dick Lehman en 1999 en un viaje a la Tierra del sol naciente. Al llegar al país descubrió que unas piezas que había traído para regalar se habían roto en el viaje. Las tiró, pero alguien las rescató de la basura y al final de la visita, el señor Lehman las recibió de regalo, reparadas con plata. Un colega japonesa observó que eran aún mejores que antes.

Cuentan que en el siglo XV el shogun Ashikaga Yoshimasa envió un cuenco china para té a Catay para ser reparada. El cuenco se devolvió con una reparación feísima y los artesanos japoneses empezaron a buscar una manera de hacerlo para que quedara mejor. Sus experimentos les llevaron a usar una resina de laca que parecía oro (que muchas veces lo tenía) y nombrada kintsugi o “reparación dorada”.

En general los japoneses están de acuerdo en apreciar más a un objeto reparado de esta manera, aunque alegan motivos distintos. Algunos dicen que es una adición creativa a la pieza, otros lo ven como un renacimiento del objeto y otros que el daño indica que la pieza tiene una historia y por eso es más valioso.

Sea la que sea la razón para valorar más la cerámica con reparaciones doradas, Dick Lehman aprendió apreciar las cosas reparadas – y ha integrado la técnica en su trabajo para rescatar a piezas dañadas y producir objetos elegantes y únicos. Quizás podemos aprender a aceptar que nuestras heridas nos dan historia y valor también.

Se pueden ver ejemplos de piezas con kintsugi de Dick Lehmen aquí: https://dicklehman.wordpress.com/2013/04/18/kintsugi-gold-repair-of-ceramic-faults-2/

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