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El primer viaje al pueblo esta primavera ha conllevado sentimos mixtos: la alegría del aire fresco y algo de trabajo duro sin las complicaciones de la vida urbana mezclados con la tristeza de ver las pérdidas que acompañan la vida hoy en día: frutales arrancados para dejar campos más abiertos para el cultivo del trigo, terrazas con olivos centenarios abandonadas por la imposibilidad de trabajarlas con máquina. Tal vez me sentí una tristeza más al haber conocido la historia de la conservación de melocotoneros tradicionales en California.

Después de la segunda guerra mundial un hombre de ascendencia japonesa que había estado internado en un campo en los Estados Unidos durante la guerra compró un terreno amplio y plantó melocotoneros. El negocio iba bien para él y luego para su hijo hasta finales de los 80. Llegó un momento en que el hijo se quedó con unas 2,000 cajas de melocotones de 9 kilos cada una. El mercado había rechazado la fruta no por el sabor, pero por el color y la menor duración en almacenes que las nuevas variedades. Entonces el hijo hizo dos cosas: llamó a alguien para arrancar los frutales y escribió un artículo, “Epitafio para un melocotón”.

El periódico Los Angeles Times publicó el epitafio y, antes de llegar el tractor para arrancar los frutales, el hijo recibió 20 cartas animándole a conservar los melocotoneros. El día que llegó el tractor decidió conservar los arboles. Poco a poco, con cambios en el mercado y cambiando los lugares de venta, consiguió vender los melocotones, primero a un restaurante con fama de usar alimentos de alta calidad y, después de cambiar a métodos ecológicos, al creciente mercado para alimentos ecológicos.

Hoy la nieta del fundador sigue con los frutales, en parte por darse cuenta de que conservar esta variedad tradicional y cuidarla con métodos ecológicos contribuye a mejorar el mundo de manera fundamental.

Se puede escuchar (y/o leer el transcrito, ambos en inglés) más de la historia aquí:

www.npr.org/blogs/thesalt/2015/03/14/390148229/the-family-peach-farm-that-became-a-symbol-of-the-food-revolution

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