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“La gran transición” energética de que hemos escrito no es cosa de libros, sino un hecho que hemos vivido directamente este verano. Gracias a la fuerza de mi pareja como gran defensora de la energía solar y la independencia hemos vivido con energía de sobra este agosto.

Llevamos algunos años con una placa solar pequeña,de 30 W y una batería de gel. Ha sido bastante para dar un poco de luz y recargar un netbook o los móviles de vez en cuando. Este año ha dado otro paso más haciendo una placa grande de 36 células individuales y 140 W.

La verdad es que la experiencia ha sido dura a veces. Las células son frágiles y hay que soldarlas con dos o tres tiras de metal cada una. Luego hay que fijarlas a un cristal de 4 mm mínimo de espesor y sellarlas de manera impermeable en un marco de metal. En el caso actual, aprovechó de algunos marcos de aluminio que tenía con el resultado que tuvimos dos placas para conectar en serie. Al llegar al pueblo encontramos algunos perfiles de aluminio que usamos para unir las placas y darles más fuerza estructural.

De momento están instaladas encima de una de las aguas del tejado aquí en el pueblo y tenemos, para nuestras necesidades, más energía que suficiente para mantener dos portátiles para trabajar, además de recargar los móviles, proveer luz, y recargar baterías de herramientas. Es más que suficiente para nuestras necesidades como veraneantes aquí.

¿Valía la pena hacer la placa a mano? No tiene respuesta clara. Había dificultades y el proceso se alargó mucho más que lo esperado. Sin embargo, tenemos una placa con células de mejor calidad (monocristalinas) que la mayoría de las placas que se venden, y la placa más regulador y una batería de gel de más grande (de oferta) salió menos del coste de una placa hecha, unos 300€, una cantidad que se recupera en un año sin pagar la conexión a la red.

¿Os atrevéis? Mirad este video de una empresa que vende las piezas para hacer placas: https://www.youtube.com/watch?v=FXocRKM4JwY

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