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A veces hay una coincidencia de ocurrencias que elevan los significados o efectos de los sucesos. Una coincidencia de este tipo ocurrió en la entrada sobre la conservación de una variedad antigua de melocotones en California. Ahora, llegando al fin del verano en el pueblo, acabo de releer un artículo del periodista George Monbiot sobre la importancia del contacto con la naturaleza para los niños y su aprendizaje y, sí, releyendo el artículo en este entorno subraya su importancia.

El periodista cita algunos estudios confirmando los efectos positivos de estudiar en lugares naturales o, por lo menos, hacerlo en esos entornos de vez en cuando, pero más que eso cuenta su experiencia pasando dos días con un grupo de estudiantes de ciudad explorando la naturaleza de la costa galesa. Vio como observaban, aprendían y disfrutaban de la experiencia. Comentó a una profesora que un niño era muy observador, y la profesora respondió que tenía que decírselo al niño porque estaba seguro que nadie lo había notado antes.

Aparte de la prioridad de reunificar la naturaleza y el aprendizaje, pasando los veranos en un pueblo, cerca de las montañas da pié a las muchas oportunidades de observar el mundo natural de distintas perspectivas que nos da vivir allí un rato: la de un naturalista observando los insectos que normalmente viven desapercibidos por nosotros, la de un botánico notando plantas inusuales, la de un herborista buscando plantas medicinales, la de un geólogo observando las formaciones rocosas, la de un agricultor preocupado por el tiempo o el riego, y simplemente la de alguien que, de paso, recoge el fruto de la naturaleza como setas, espárragos o moras.

Reflexionando sobre eso me parece imprescindible dejar detrás la ciudad y las estructuras formales de aprender, sean de temas escolares o clases de equitación, para acordarnos no solamente de que formamos parte de la naturaleza, sino de que dependemos del mundo natural para nuestra salud física y mental, que los estudios tienen que ser relacionados con la naturaleza, y que hay maneras distintas y positivas de relacionarse con la naturaleza. Tener una casa en un pueblo es una riqueza que tenemos muchos en España, y para los que no la tienen, hay muchas oportunidades de alquilar una casa rural u otro alojamiento en un pueblo que no sea turístico.

Espero que hayáis pasado por lo menos parte del verano en cerca de la naturaleza y de vidas distintas de las vuestras. Si no lo habéis hecho, espero que lo hagáis en el año que viene.

Si os interesa el artículo del Sr. Monbiot, se puede leer (en inglés) aquí: http://www.monbiot.com/2013/10/07/rewild-the-child/

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