Cambiando a “toda la vida”

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¿Cuantas veces has dicho “Es el xxx de toda la vida”? Si lo piensas, ¿lo dices tantas veces como antes? ¿Lo puedes decir en serio o solamente con ironía?

Hoy en día encontramos cada vez menos “de toda la vida”. Por un lado es de esperar porque vivimos en una época en la que el cambio nos parece cada vez más rápido. La empresa estadounidense más valorada en la bolsa, Apple, sale cada dos por tres con un nuevo modelo de iPhone a pesar del hecho que su fundador creía en comprar pocas cosas, pero cosas de calidad.

Ahora fijate en los resultados de una encuesta en Reino Unido sobre la ropa que revela que, de media, las mujeres no llevan puesta una prenda más de siete veces. Siete. Ya sabemos que hay gente que quiere estar de moda, pero estamos hablando de una encuesta de la población, no de las mujeres adineradas que pueden permitirse el lujo de usar una prenda muy poco. Seguramente este fenómeno se debe a la ropa barata a coste de la explotación de niños y mujeres pobres.

Pero ahora empiezan a aparecer alternativas. ¿Te apetece comprar una sudadera que dure treinta años? La puedes comprar ya a través del sitio de web de Tom Cridland en el Reino Unido. El pulóver está hecho a mano en Portugal, de algodón bio de Italia y, de verdad, viene con una garantía de treinta años. En EEUU, la empresa Cuyana vende por Internet ropa con el lema “menos cosas y mejores”, ropa de calidad que dura muchos años.

De momento hay pocas empresas que nos ofrecen cosas de calidad (que, seguramente, no tienen que durar treinta años), pero me parece que ha empezado un cambio importante, que no es solamente de comercio justo, sino de comercio justo de productos de calidad. Podemos esperar que represente un cambio de mentalidad centrado en la responsabilidad y el respecto por la vida y la tierra, tanto por parte de los consumidores como por la de los productores. Por lo menos nos puede hacer pensar en lo que hacemos la próxima vez estemos a punto de comprar.

Puedes leer más del tema (en inglés) aquí: www.theatlantic.com/business/archive/2016/02/buying-less-by-buying-better/462639/

Poniendo las pilas

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Siempre leemos que el problema de las energías renovables es el almacenamiento de la energía, pero los últimos meses no sólo nos han traído noticias sobre tecnología prometedora, sino el anuncio de la producción masiva de baterías de litio para casas y negocios. Esta última noticia ha venido de Tesla Motors, fabricante de coches eléctricos en EEUU.

Ahora una compañía nueva, Orison, busca entrar en el mercado con dos modelos de baterías de litio para casas. Los diseños de las baterías nos prometen simplificar el uso porque se conectan directamente a un enchufe de la casa sin necesidad de una instalación especial.

Como el Powerwall de Tesla, las baterías de Orison están pensadas no solamente para almacenar energía para casas no conectadas a la red eléctrica, sino para ayudar ahorrar dinero en casas que sigan conectadas. Para casas conectadas con fuentes de energía propias, las baterías almacenarán energía para evitar su venta a la red a precios desfavorables o con el llamado impuesto al sol bajo la nueva normativa en España. Para casas que dependen completamente de la red, las baterías optimizarán el consumo.

La optimización del consumo, o del uso de las baterías, vendrá de una conexión a la nube donde se analizarán las opciones. Por ejemplo, donde el precio de la electricidad obtenida de la red depende de la demanda, el sistema de Orison cambiará la fuente de energía de la red a las baterías cuando hay picos de demanda para ahorrar dinero para el consumidor, con la ventaja para la red de hacerla más eficiente por nivelar la demanda. Para estas casas este control también evitará otro problema que normalmente requería una instalación complicada: el drenaje de las baterías por la red durante apagones, una posibilidad que también supone un peligro para los trabajadores en la red.

En este momento Orison tiene una campaña de micromecenazgo (“crowdfunding”) en el sitio de web Kickstarter donde ha recaudado una cantidad casi cinco veces su meta inicial. Prevé empezar la entrega de baterías a partir de agosto de este año.

Se puede leer más de la tecnología de Orison en Kickstarter (en inglés): www.kickstarter.com/projects/ericclifton/orison-rethink-the-power-of-energy

Francia abre el camino a la energía solar

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Literalmente.

En los próximos cinco años Francia emprende el camino hacia un futuro con la energía solar con el compromiso de pavimentar 1.000 kilómetros de carretera con placas solares. Suena raro, ¿no? Y pensando en la delicadeza de las placas, parece una locura, pero es real.

La tecnología se llama Wattway (camino de vatios en inglés) y es un producto de Colas, una empresa fundada en 1929 para elaborar una nueva emulsión que se llama betún asfáltico. De hecho el nombre de la compañía viene de las palabras inglesas que significan “asfáltico frío” (Cold Asphalt). La nueva tecnología Wattway consta de placas solares dentro de capas sobrepuestas que, con un grosor de solamente 7 milímetros, ofrece una superficie duradera que se adapta a la expansión y contracción del pavimento debajo y que produce bastante fricción para los neumáticos.

Dice Colas que el tráfico pasa por las carreteras solamente un promedio de 10 por ciento del tiempo, de modo que solamente 20 m2 de Wattway podría llenar las necesidades energéticas de una casa en Francia. Se dice que un kilómetro de Wattway puede suministrar el alumbrado público de una ciudad pequeña de 5.000 habitantes.

No nos ha llegado datos del coste del proyecto francés, pero la empresa afirma que se puede aplicar las placas directamente encima del pavimento actual, lo que sugiere que no saldría demasiado caro. La administración francesa ya tiene ofertas en mano y se empezarán pruebas de esta tecnología en primavera.

Hay un artículo corto (con enlace a un vídeo de la empresa) sobre la iniciativa (en inglés) aquí: www.treehugger.com/solar-technology/france-pave-1000km-roads-solar-panels.html

Un paso libre

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Hace algunos años cerré una cuenta de Yahoo! Mail cuando empezaron “analizando” los contenidos de mis mails para “proveerme” de anuncios “más relevantes” a mis intereses como en Gmail. A pesar de las declaraciones de esas empresas diciendo que no estaban leyendo los mensajes personas físicas, no me fiaba del todo. Tampoco podía creer que no usaran los resultados de los análisis solamente para los anuncios dentro de la interfaz del correo web.

La buena noticia es que existe un servicio de correo electrónico alternativo a los que vienen de las empresas que roban los datos personales. El servicio “openmailbox” (buzón libre) es libre en el sentido que usa el software libre, además de ser libre de anuncios y de la recolección de datos personales. Basado en Francia pero con una interfaz también en español, el servicio usa el software libre “Roundcube” para soportar los principales protocolos de mail: IMAP, POP y WebMail, el último con una interfaz sencilla y amigable. Además da acceso a un giga (1 GB) de almacenamiento en la nube gratis (a través de OwnCloud) y la cuenta sirve como cuenta de XMPP/Jabber. Se puede apuntar a todo a través de un proceso de registro nada invasivo de la privacidad y sin que se almacenan las direcciones de donde conectamos.

Quizás se estáis preguntando ¿por qué necesitamos OwnCloud y XMPP/Jabber si tenemos DropBox, OneDrive y Skype? Precisamente porque OneCloud es también de software libre y sin las preocupaciones sobre privacidad de los otros servicios. OwnCloud se puede acceder a través de la interfaz web de OpenMailBox. La cuenta XMPP se usa con software de mensajería instantánea/chat (por ejemplo con la app IM+ en los móviles como alternativa a WhatsApp) y llamadas/vídeollamadas (con, por ejemplo, Jitsi o Pidgin) para tener una alternativa libre a Skype, conocido por su falta de privacidad.

Quizás alguien se está preguntando si OpenMailBox es gratis como los otros servicios. Pues, sí y no. Primero, OpenMailBox no nos cobra por tener una cuenta, pero, sí, nos pide algo de apoyo financiero a través de donaciones (en divisas tradicionales o bitcoins). Segundo, los otros servicios no son gratis. Nos cobran nuestros datos. Si os preguntáis cuánto vale nuestros datos, hace algunos años Yahoo! Mail nos ofreció una respuesta. Para acceder a una cuenta de correo electrónico a través de software como MS Outlook, Thunderbird, o ClawsMail evitando los anuncios que vemos a través del navegador, Yahoo! cobró solamente $19 al año. Entonces, tenéis que preguntaros ¿qué vale más quedaros con menos de 20 euros o con los datos de vuestras vidas que alguna empresa digital va a usar y vender a otros que van a hacer lo mismo?

Llevo algo más de un mes probando OpenMailBox y OwnCloud y van de maravilla. Como otras personas en los últimos meses, he respaldado el servicio con una donación porque no es solamente que mi privacidad vale más de algunos euros, sino que apoyar al software libre me parece invaluable.

Abrid una cuenta en OpenMailBox para probar lo que os ofrece. Seguramente os liberaréis de los otros servicios: www.openmailbox.org

La agricultura sostenible mima la naturaleza

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Cultivar la tierra significa manipular la naturaleza de mil maneras: evolución a través de la selección artificial, arar, regar, abonar. En los últimos 50 años, a partir de la llamada “revolución verde” las manipulaciones se han multiplicado hasta incluir más y más químicos y cultivos transgénicos. Todos estos “avances” (si de verdad lo son) ha llegado a un precio: pérdida de variedades y especies, dependencia creciente de abonos y otras sustancias derivadas del petroleo, degradación de la tierra cultivada, contaminación de ríos y otras aguas por los químicos y cosechas en mayor cantidad pero menor calidad.

No tiene que ser así, y buen ejemplo de ello proviene de Ohio, en el corazón del llamado “Cinturón de Maiz” de EEUU, una de las zonas de agricultura más industrializadas del mundo. Allí David Brandt lleva décadas practicando una agricultura que no hace falta el arado ni apenas abonos sintéticos y otros químicos. Las claves del método son: el uso de cultivos de cubierta, la falta de arado y el uso de un tercer cultivo en la rotación de cultivos en vez de dos.

Los cultivos de cubierta son los que se usan para cubrir la tierra en invierno y devolver a ésta elementos como nitrógeno y enriquecerla con sustancias orgánicas cuando se mueren. Evitar arar significa evitar interrumpir los procesos microbióticos que hacen vivir la tierra y la enriquecen, y evitar arar también evita compactar la tierra. En su conjunto aseguran la fertilidad de la tierra sin el uso de abonos, o con un uso mínimo. Usar una rotación de tres cultivos (en vez de dos) rompe el ciclo de hierbas malas y plagas.

Tiene que haber un lado negativo, ¿no? Sí, lo hay. Cuesta un poco más manejar los cultivos de cubierta y un poco más de trabajo humano, pero la productividad no sufre (y en condiciones de sequía resulta mejor) y la tierra se enriquece en vez de empobrece. También hay que vender el arado (para que no se oxide) y dejar de comprar todos esas sustancias nocivas que se usa en la agricultura “tradicional”.

Quizás ha llegado el momento para otra “revolución” en la agricultura.

Se puede leer más sobre David Brandt y el uso de cultivos de cubierta (en inglés) aquí: http://www.motherjones.com/environment/2013/09/cover-crops-no-till-david-brandt-farms

El fin del verano de 2015 en el pueblo – Naturaleza

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A veces hay una coincidencia de ocurrencias que elevan los significados o efectos de los sucesos. Una coincidencia de este tipo ocurrió en la entrada sobre la conservación de una variedad antigua de melocotones en California. Ahora, llegando al fin del verano en el pueblo, acabo de releer un artículo del periodista George Monbiot sobre la importancia del contacto con la naturaleza para los niños y su aprendizaje y, sí, releyendo el artículo en este entorno subraya su importancia.

El periodista cita algunos estudios confirmando los efectos positivos de estudiar en lugares naturales o, por lo menos, hacerlo en esos entornos de vez en cuando, pero más que eso cuenta su experiencia pasando dos días con un grupo de estudiantes de ciudad explorando la naturaleza de la costa galesa. Vio como observaban, aprendían y disfrutaban de la experiencia. Comentó a una profesora que un niño era muy observador, y la profesora respondió que tenía que decírselo al niño porque estaba seguro que nadie lo había notado antes.

Aparte de la prioridad de reunificar la naturaleza y el aprendizaje, pasando los veranos en un pueblo, cerca de las montañas da pié a las muchas oportunidades de observar el mundo natural de distintas perspectivas que nos da vivir allí un rato: la de un naturalista observando los insectos que normalmente viven desapercibidos por nosotros, la de un botánico notando plantas inusuales, la de un herborista buscando plantas medicinales, la de un geólogo observando las formaciones rocosas, la de un agricultor preocupado por el tiempo o el riego, y simplemente la de alguien que, de paso, recoge el fruto de la naturaleza como setas, espárragos o moras.

Reflexionando sobre eso me parece imprescindible dejar detrás la ciudad y las estructuras formales de aprender, sean de temas escolares o clases de equitación, para acordarnos no solamente de que formamos parte de la naturaleza, sino de que dependemos del mundo natural para nuestra salud física y mental, que los estudios tienen que ser relacionados con la naturaleza, y que hay maneras distintas y positivas de relacionarse con la naturaleza. Tener una casa en un pueblo es una riqueza que tenemos muchos en España, y para los que no la tienen, hay muchas oportunidades de alquilar una casa rural u otro alojamiento en un pueblo que no sea turístico.

Espero que hayáis pasado por lo menos parte del verano en cerca de la naturaleza y de vidas distintas de las vuestras. Si no lo habéis hecho, espero que lo hagáis en el año que viene.

Si os interesa el artículo del Sr. Monbiot, se puede leer (en inglés) aquí: http://www.monbiot.com/2013/10/07/rewild-the-child/

El fin del verano de 2015 en el pueblo – Cultura

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Poco a poco algunos pueblos parcialmente despoblados van recuperando vida. Una casa del pueblo aquí lleva parte del verano en obras: tejado nuevo, pintura exterior y no sé qué más. El otro día me sorprendí al ver un “paso” común en reformas: entre los escombros una cocina de gas que creo que es de los años 30.

Seguramente les asombraría a los propietarios de la casa (a quienes no les hemos visto por aquí) que he sido dueño de dos cocinas de gas de época: una de los años 20 (que compré) y una de los 30 (que estaba dentro de una casa que tuve). Las dos funcionaban de maravilla. A la primera le faltaba aislamiento para el horno, pero necesitaba solamente un poco de una grasa apropiada para las llaves de los fuegos. La otra necesitaba un suelo para el horno que mandé hacer. Las dos cocinas me servían muy bien día tras día cuando vivía con ellas.

A veces el afán para lo nuevo, lo “mejorado”, lo moderno o simplemente lo “de moda”, tentados y empujados por los anuncios y las revistas, nos lleva a despreciar y a veces destruir el pasado. Me acuerdo que en la época en que tuve las cocinas era de moda tener una cocina “profesional” con fuegos fuerte de hierro fundido, precisamente lo que tenían las cocinas antiguas mías.

Con este tema podemos entrar en discusiones más o menos filosóficas sobre consumismo, ecologismo, las fases tardías del capitalismo pero, sin negar la importancia que esas conversaciones puedan tener, creo que hay cosas más sencillas en las que podemos pensar: el respecto para la creatividad y el trabajo de nuestros antepasados, la continuidad que podemos experimentar con las herramientas de otras épocas y la herencia que recibimos y dejamos. Nuestras herramientas, si nos sirven todavía y las usamos, provienen de experiencias concretas de la historia y nos unen de alguna manera con nuestros antepasados.

Viví en una casa que rehabilité con una cocina con armarios, marcos de ventanas y puertas, chimenea y colores de su época de construcción (1890s); un techo de metal y una cocina encima de unas baldosas de una reforma de los años 30; y un frigorífico, lavaplatos y unos pocos armarios de los últimos años de los 80. Todo encajaba bien y cocinar allí era vivir en armonía con la historia, y daba gusto.

Os deseo la oportunidad de experimentar la historia así y apreciar que no deberíamos tener todas las herramientas del pasado en museos.

El fin del verano de 2015 en el pueblo – Energía

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“La gran transición” energética de que hemos escrito no es cosa de libros, sino un hecho que hemos vivido directamente este verano. Gracias a la fuerza de mi pareja como gran defensora de la energía solar y la independencia hemos vivido con energía de sobra este agosto.

Llevamos algunos años con una placa solar pequeña,de 30 W y una batería de gel. Ha sido bastante para dar un poco de luz y recargar un netbook o los móviles de vez en cuando. Este año ha dado otro paso más haciendo una placa grande de 36 células individuales y 140 W.

La verdad es que la experiencia ha sido dura a veces. Las células son frágiles y hay que soldarlas con dos o tres tiras de metal cada una. Luego hay que fijarlas a un cristal de 4 mm mínimo de espesor y sellarlas de manera impermeable en un marco de metal. En el caso actual, aprovechó de algunos marcos de aluminio que tenía con el resultado que tuvimos dos placas para conectar en serie. Al llegar al pueblo encontramos algunos perfiles de aluminio que usamos para unir las placas y darles más fuerza estructural.

De momento están instaladas encima de una de las aguas del tejado aquí en el pueblo y tenemos, para nuestras necesidades, más energía que suficiente para mantener dos portátiles para trabajar, además de recargar los móviles, proveer luz, y recargar baterías de herramientas. Es más que suficiente para nuestras necesidades como veraneantes aquí.

¿Valía la pena hacer la placa a mano? No tiene respuesta clara. Había dificultades y el proceso se alargó mucho más que lo esperado. Sin embargo, tenemos una placa con células de mejor calidad (monocristalinas) que la mayoría de las placas que se venden, y la placa más regulador y una batería de gel de más grande (de oferta) salió menos del coste de una placa hecha, unos 300€, una cantidad que se recupera en un año sin pagar la conexión a la red.

¿Os atrevéis? Mirad este video de una empresa que vende las piezas para hacer placas: https://www.youtube.com/watch?v=FXocRKM4JwY

La gran transición . . . energética

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A pesar de la certeza de que el cambio climático es consecuencia de la actividad del hombre y, en gran parte, del uso de combustibles fósiles, los gobiernos no han podido llegar a un acuerdo para limitar las emisiones de gases invernaderos o cumplir acuerdos como el de Kioto. Ahora nos llega un libro escrito por Lester Brown, fundador del Earth Watch Institute, que indica que hemos empezado una transición a fuentes de energía renovables que parece imparable.

El autor argumenta que gran parte del cambio a renovables llega ahora simplemente por motivos económicos: en muchos lugares. Incluso en Australia, un gran exportador de carbón, se puede producir electricidad más barata con placas solares que comprandola a las empresas eléctricas. La caída en el coste de las placas solares ha contribuido al cambio, y a la consecuente caída en la demanda para electricidad de las centrales. La caída en la demanda presiona a las empresas a compensar incrementando los precios, un incremento que anima a los clientes a cambiar a placas solares. Dicho de otra manera, ahora hay una retroalimentación en el mercado que hace el cambio casi imparable.

El cambio a las renovables, y sobre todo el cambio a la energía solar, lleva consigo dos ventajas importantes en este momento. Primero, se puede cambiar rápidamente de los combustibles fósiles (un contraste marcado con las centrales nucleares) a las placas solares, algo imprescindible dado el ritmo del cambio climático. Segundo, la energía solar te independiza de las grandes empresas energéticas. Al quedar el control de la energía en manos de los consumidores, quizás implique un beneficio más: menos influencia de las empresas energéticas en la política.

Se puede escuchar una entrevista con Lester Brown (y/o leer el transcrito, ambos en inglés) sobre el tema aquí: http://loe.org/shows/segments.html?programID=15-P13-00021&segmentID=5

Herencia para un mundo nuevo

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El primer viaje al pueblo esta primavera ha conllevado sentimos mixtos: la alegría del aire fresco y algo de trabajo duro sin las complicaciones de la vida urbana mezclados con la tristeza de ver las pérdidas que acompañan la vida hoy en día: frutales arrancados para dejar campos más abiertos para el cultivo del trigo, terrazas con olivos centenarios abandonadas por la imposibilidad de trabajarlas con máquina. Tal vez me sentí una tristeza más al haber conocido la historia de la conservación de melocotoneros tradicionales en California.

Después de la segunda guerra mundial un hombre de ascendencia japonesa que había estado internado en un campo en los Estados Unidos durante la guerra compró un terreno amplio y plantó melocotoneros. El negocio iba bien para él y luego para su hijo hasta finales de los 80. Llegó un momento en que el hijo se quedó con unas 2,000 cajas de melocotones de 9 kilos cada una. El mercado había rechazado la fruta no por el sabor, pero por el color y la menor duración en almacenes que las nuevas variedades. Entonces el hijo hizo dos cosas: llamó a alguien para arrancar los frutales y escribió un artículo, “Epitafio para un melocotón”.

El periódico Los Angeles Times publicó el epitafio y, antes de llegar el tractor para arrancar los frutales, el hijo recibió 20 cartas animándole a conservar los melocotoneros. El día que llegó el tractor decidió conservar los arboles. Poco a poco, con cambios en el mercado y cambiando los lugares de venta, consiguió vender los melocotones, primero a un restaurante con fama de usar alimentos de alta calidad y, después de cambiar a métodos ecológicos, al creciente mercado para alimentos ecológicos.

Hoy la nieta del fundador sigue con los frutales, en parte por darse cuenta de que conservar esta variedad tradicional y cuidarla con métodos ecológicos contribuye a mejorar el mundo de manera fundamental.

Se puede escuchar (y/o leer el transcrito, ambos en inglés) más de la historia aquí:

www.npr.org/blogs/thesalt/2015/03/14/390148229/the-family-peach-farm-that-became-a-symbol-of-the-food-revolution